Agenda

Mayo 2013
L M X J V S D
29 30 1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31 1 2
Voluntariado

 

 

No debemos caer en la interpretación simplista de que el voluntariado se reduce a ofrecer algo a los demás. Muchas veces no caemos en la cuenta de que, para ofrecer, primero hay que tener. La generosidad no se satisface en el solo deseo de dar, sino en la ampliación y perfeccionamiento de lo que damos. Por lo tanto, aprender a ser útiles y obtener herramientas que sean útiles para los demás y para nosotros mismos mejora notablemente el impulso inicial de la generosidad.

 

 

Tampoco se agota el voluntariado en el impulso de solidaridad, pues el contacto directo con los seres humanos y sus situaciones, no siempre agradables, puede mermar esa solidaridad si no está firmemente asentada en un claro espíritu de fraternidad, que tiene sus raíces en las similitudes profundas que nos unen a todos, más allá de las diferencias exteriores y circunstanciales.
El voluntariado no es una acción que satisface la conciencia de quien la realiza. Al contrario, tiene que buscar siempre un beneficio que se revierta sobre los demás. La propia satisfacción es mínima frente a las necesidades de nuestro mundo actual.

 

Voluntariado tampoco es ayudar a paliar una circunstancia difícil, aunque esta sea casi siempre la indispensable acción inicial. Lo importante es enseñar a los demás a defenderse de las circunstancias hostiles, a superar las dificultades con inteligencia, a respetar el planeta antes que a exigirle rendimiento.
En síntesis: para que nuestras acciones sociales tengan un contenido auténtico, filosófico, y no se lleven a cabo para responder a las modas, para tranquilizar levemente las conciencias o para obtener un cierto prestigio y beneplácito entre los que nos rodean, hace falta:

-    Saber que para ayudar hay que darse uno mismo, volcarse íntegramente en lo que hacemos.

-    Saber que no siempre se ayuda con objetos materiales, sino que el acercamiento humano, la posibilidad de compartir sentimientos e ideas es, hoy por hoy, una de las ayudas más apreciadas en un mundo en que buena parte de la gente se siente sola.

-    Saber que una ayuda concreta requiere asimismo conocimientos concretos y prácticos acerca del buen resultado que queremos obtener. Es decir, que mal podemos colaborar con el que acaba de perder su vivienda si no sabemos reconstruir una vivienda (o conseguir personas que la reconstruyan bajo nuestra responsabilidad).

-    Saber que una ayuda humana requiere conocimientos específicos acerca del ser humano. Consolar, reconfortar, proponer nuevos pasos en la vida, son bienes que solo pueden ofrecer los que se conocen a sí mismos y saben cuáles son las necesidades del alma y los alimentos del alma.

 

-    Saber que todos tenemos algo para dar. La generosidad no es algo exclusivo de algunos pocos. Cada uno posee algún bien, algún valor práctico o íntimo, alguna característica humana que puede ayudar a quienes carecen de ello.

-    Saber colocarse en el lugar de los demás, sentir lo que sienten, entender lo que piensan, entrar en contacto real y no superficial. Salir de la cáscara del individualismo que nos convierte en centro y eje del mundo.

-    Saber que ayudar es servir con alegría. El entusiasmo multiplica el valor de lo que ofrecemos, por muy poderoso y perfecto que sea desde el punto de vista técnico.

Es decir, que para ser útiles a la sociedad, debemos tener voluntad para actuar libremente, amor para dar brillo a todo lo que hacemos e inteligencia para dar lo que conviene y corresponde a cada caso.
Voluntad, amor e inteligencia son valores fundamentales de la filosofía, sin los cuales toda otra acción pierde su contenido moral.

    Delia Steinberg Guzmán,
Directora Internacional de Nueva Acrópolis